Desde los albores de la física de bajas temperaturas, un dogma ha regido la interacción entre la superconductividad y el magnetismo: son enemigos irreconciliables. Los campos magnéticos, incluso los más modestos, son conocidos por debilitar y, finalmente, aniquilar la capacidad de un material para conducir electricidad sin resistencia. Sin embargo, en las fronteras de la ciencia de materiales, un compuesto enigmático ha emergido para desafiar esta verdad fundamental: el ditelururo de uranio (UTe2). Este material no solo soporta campos magnéticos cientos de veces más potentes que la mayoría de los superconductores, sino que, en un giro que parece sacado de la mitología, su superconductividad muere para luego resucitar, un fenómeno que los científicos han bautizado como la 'fase Lázaro'. La anomalía de UTe2, ya vislumbrada en 2019, ha sido ahora desentrañada con una profundidad asombrosa por un equipo liderado por el físico Andriy Nevidomskyy de la Universidad de Rice, y publicada en la prestigiosa revista Science. La investigación revela que la superconductividad en UTe2 se suprime por debajo de los 10 Tesla, un campo ya de por sí formidable. Pero lo verdaderamente revolucionario es su reaparición inesperada y robusta a intensidades superiores a los 40 Tesla. Es una paradoja que rompe con toda intuición: la superconductividad, que debería haber sido aniquilada, emerge de nuevo en un entorno magnético aún más hostil, desafiando la lógica establecida. El equipo de investigación, que incluye a colaboradores de la Universidad de Maryland (UMD) y el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), no solo documentó esta resurrección, sino que también mapeó su geografía. Sus mediciones revelaron que esta superconductividad de campo alto no es uniforme, sino que forma una especie de 'halo' tridimensional, una estructura toroidal o de rosquilla, que envuelve un eje particular dentro de la intrincada red cristalina del UTe2. Sylvia Lewin, de NIST y coautora principal del estudio, describió este hallazgo como un 'resultado sorprendente y hermoso', destacando la fuerte dependencia angular del fenómeno. Para desentrañar este comportamiento que desafía la ortodoxia, Nevidomskyy desarrolló un modelo teórico fenomenológico que logró explicar las observaciones experimentales sin depender de detalles microscópicos inciertos. El modelo sugiere que los pares de Cooper, las parejas de electrones responsables de la superconductividad, se comportan como si tuvieran momento angular. Cuando se aplica un campo magnético, interactúa con este movimiento, creando un efecto direccional que produce el patrón de halo observado. Este enfoque ayuda a explicar cómo el magnetismo y la superconductividad pueden coexistir en materiales con propiedades direccionales pronunciadas. Un aspecto crucial de este fenómeno es la observación de una 'transición metamagnética', un aumento repentino en la magnetización de la muestra. Peter Czajka, también de NIST y coautor principal, señaló que la superconductividad de campo alto solo aparece una vez que la magnitud del campo ha alcanzado este valor, que a su vez es altamente dependiente del ángulo. Aunque los científicos aún debaten las causas exactas de esta transición, el nuevo modelo de Nevidomskyy promete ser una herramienta fundamental para futuras investigaciones, acercándonos a la comprensión de estos estados exóticos de la materia.