El año 2025 no será recordado como un mero tránsito en el calendario, sino como el umbral de una transformación energética sin precedentes, el momento en que, según la Agencia Internacional de Energía (IEA), 'el mundo ha entrado en la Era de la Electricidad'. Este hito histórico se cimenta en un fenómeno que ha reescrito las reglas del juego: el crecimiento de la energía solar, calificado por la propia IEA como 'el mayor jamás observado para cualquier fuente' energética. Una declaración que no solo valida las proyecciones más optimistas de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), sino que las supera, consolidando un cambio de paradigma que venía gestándose durante décadas.
El análisis de la IEA, que abarca el consumo energético global en 2025 desde la red eléctrica hasta el transporte y la calefacción, desvela una verdad ineludible: por primera vez, el crecimiento de las fuentes de energía libres de carbono superó el aumento de la demanda energética total. La energía solar emergió como el motor principal de esta expansión, estableciendo 2025 como el año de su dominio indiscutible. Este avance no llegó solo; fue acompañado por un 'crecimiento masivo' en el almacenamiento de baterías y un uso de combustibles fósiles que, en comparación, se mantuvo relativamente estancado, evidenciando la magnitud de la transición en marcha.
La Electrificación Silenciosa: Motores y Hogares
La demanda de electricidad, en particular, se disparó al doble de la tasa de la demanda energética general, impulsada por una electrificación progresiva en sectores clave. En el transporte, la demanda de vehículos eléctricos (VE) experimentó un aumento cercano al 40% en 2025, con las ventas de coches eléctricos representando una cuarta parte del total de vehículos vendidos. Aunque su impacto en la demanda eléctrica total es aún incipiente, esta tendencia contribuyó a que el aumento del uso de petróleo fuera de apenas un 0.7%, menos de la mitad del promedio de la década anterior. En el ámbito de la calefacción, si bien las ventas de bombas de calor se estabilizaron en 2025, el crecimiento acumulado en años previos las posiciona como la mayoría de las nuevas unidades de calefacción en varios países, a pesar de un invierno frío que impulsó el uso de gas natural en solo un 1%.
Geopolítica y el Impulso Inevitable
Mirando hacia 2026, la IEA anticipa una aceleración de estas dinámicas. Los conflictos en Oriente Medio, con la potencial interrupción del flujo de petróleo a través del Estrecho de Ormuz y la dependencia de algunos países del gas natural licuado del Golfo Pérsico, se perfilan como catalizadores de una escasez y encarecimiento de los combustibles fósiles. Esta coyuntura no solo reducirá el consumo por la fuerza de las circunstancias, sino que 'acelerará el cambio' hacia alternativas electrificadas. El interés público y los esfuerzos gubernamentales por mitigar futuros choques energéticos se intensificarán, consolidando a 2025 no como un final, sino como el preludio de una transformación energética profunda y duradera que redefine nuestra relación con la energía.