El Papa León XIV ha sentenciado con una claridad demoledora que Dios no avala la guerra, un mensaje resonante mientras el conflicto en Irán se recrudece.
Desde la majestuosa Plaza de San Pedro, ante decenas de miles de fieles congregados para el Domingo de Ramos de 2026, el pontífice articuló una homilía que se erige como un pilar moral en tiempos convulsos. "Jesús es el Rey de la Paz, que rechaza la guerra, a quien nadie puede usar para justificar la guerra. Él no escucha las oraciones de quienes hacen la guerra, sino que las rechaza", declaró, marcando el inicio de la Semana Santa con una postura inquebrantable. Esta primera gran declaración de su pontificado subraya la histórica oposición de la Iglesia a la violencia en nombre de la fe, recordando que Cristo, en su mansedumbre, clamó "¡Dios es amor! ¡Tengan misericordia!", un eco que el Papa León XIV recupera para llamar a deponer las armas y abrazar la hermandad universal.
La Idolatría del Poder y el Dinero: Raíces de la Violencia
La preocupación del Santo Padre trasciende la retórica dominical. Apenas un día antes, en su visita al principado de Mónaco el 28 de marzo, el Papa León XIV ya había advertido sobre la "idolatría del poder y el dinero" como motor de las guerras globales. Este mensaje complementa su condena en San Pedro, desvelando las intrincadas raíces económicas y de influencia que, a menudo, se ocultan tras los conflictos armados. La riqueza y el poder, en lugar de ser instrumentos para el bien, se convierten en catalizadores de destrucción cuando se les rinde culto, una reflexión que invita a los líderes mundiales a una profunda introspección sobre las verdaderas causas de la deshumanización.
El Sufrimiento de los Cristianos en Oriente Medio: Un Clamor Ignorado
La voz del Papa no solo se alza contra los belicistas, sino que también abraza a las víctimas. Durante la misma Misa del Domingo de Ramos, elevó una oración sentida por los cristianos de Oriente Medio, quienes "sufren las consecuencias de un conflicto atroz". Esta cercanía a las comunidades asediadas por la violencia se materializa en incidentes como el bloqueo al Cardenal Pizzaballa y al Custodio Ielpo para acceder al Santo Sepulcro, una cruda manifestación de las dificultades que enfrentan los fieles en la región. El mensaje de León XIV, por tanto, no es solo una reprimenda, sino también un bálsamo y un recordatorio contundente de la primacía de la paz y la compasión en la doctrina cristiana, rechazando cualquier manipulación de la fe para fines bélicos y reafirmando el compromiso de la Iglesia con los más vulnerables.