La administración estadounidense ha intensificado su estrategia de presión sobre Irán, dirigiendo una advertencia explícita a las empresas navieras globales. Washington ha señalado la posibilidad de imponer sanciones a aquellas compañías que realicen pagos a Teherán por el paso seguro a través del estratégico Estrecho de Ormuz. Esta medida, anunciada el pasado viernes por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de EE. UU., prohíbe a personas y empresas estadounidenses efectuar pagos a entidades gubernamentales iraníes y alerta a las entidades no estadounidenses sobre el riesgo de exposición a sanciones si incurren en tales prácticas. La OFAC ha sido clara al indicar que los actores de la industria marítima que operen en puertos iraníes enfrentan un riesgo significativo bajo múltiples autoridades de sanciones, buscando así mermar las fuentes de ingresos del régimen iraní, especialmente en sus sectores petrolero y petroquímico. Los pagos bajo escrutinio incluyen no solo efectivo, sino también activos digitales, compensaciones, intercambios informales y donaciones, según informa BBC News.
Esta escalada se inscribe en un conflicto más amplio que se inició el 28 de febrero de 2026, con ataques de EE. UU. e Israel contra Irán, bajo la alegación de intentos de desarrollo nuclear por parte de Teherán, una acusación que la República Islámica niega categóricamente. Desde el 13 de abril, EE. UU. ha implementado un bloqueo naval en los puertos iraníes del Estrecho de Ormuz, impidiendo la entrada y salida de buques. Esta estrategia, confirmada por la subsecretaria de prensa de EE. UU., Anna Kelly, y reportada por el Wall Street Journal, fue una decisión del presidente Donald Trump para evitar operaciones militares adicionales y, en su lugar, aplicar un bloqueo prolongado que otorgue a Washington una “máxima influencia” en las negociaciones. El Comando Central de EE. UU. (Centcom) ha reportado que 45 buques comerciales han sido obligados a cambiar su rumbo desde el inicio del bloqueo, lo que ha reducido drásticamente el tráfico en el estrecho, pasando de unos 3.000 barcos mensuales a solo un puñado diario.
Irán, por su parte, ha calificado el bloqueo estadounidense de “piratería” y ha afirmado estar cobrando peajes a los barcos para permitirles navegar libremente por el estrecho. Hamidreza Haji Bababei, vicepresidente del Parlamento iraní, declaró la semana pasada que los primeros ingresos por peajes ya habían sido depositados en el Banco Central del país, aunque no se proporcionaron detalles sobre el monto o el método de cobro. En un desafío directo a las sanciones y el bloqueo estadounidense, diversos informes indican que China ha continuado enviando buques, pagando estos peajes en yuanes e ignorando las advertencias de la administración Trump, lo que podría socavar la efectividad de la presión económica ejercida por Estados Unidos.
El impacto de esta situación se extiende más allá de las implicaciones geopolíticas y económicas, afectando gravemente la ayuda humanitaria. La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ha alertado que el cierre de rutas marítimas clave ha forzado el uso de alternativas más largas y costosas para el transporte de ayuda, duplicando los costes de entrega a lugares como Sudán y añadiendo hasta 25 días a los tiempos de envío. Esta situación “afecta desproporcionadamente a las personas en emergencias”, advirtió la agencia, que ha tenido que redirigir cargamentos marítimos y depender más de corredores terrestres para sus operaciones.
Las conversaciones de paz entre EE. UU. e Irán, iniciadas tras un frágil alto el fuego el 8 de abril, se encuentran en un punto muerto. La primera ronda de negociaciones en Pakistán (11-12 de abril) no arrojó resultados, con el programa nuclear y el bloqueo del Estrecho de Ormuz como principales escollos. Irán ha declarado que no negociará mientras el bloqueo persista. El presidente Trump ha expresado su insatisfacción con una propuesta iraní reciente, indicando que “piden cosas que no puedo aceptar” y criticando el “liderazgo desarticulado” de Irán, que ahora está bajo el mando de Mojtaba Khamenei tras la muerte de su padre, el Líder Supremo Ali Khamenei, en los ataques iniciales. La postura de EE. UU. es clara: el bloqueo se mantendrá como palanca para asegurar un acuerdo que garantice la seguridad nacional estadounidense, mientras la comunidad internacional observa las repercusiones de esta estrategia de máxima presión.